INTERNACIONAL

Matheus Cunha se consolida como el eje táctico del Brasil de Ancelotti

La selección brasileña clasifica a los octavos de final del Mundial con un esquema renovado donde Matheus Cunha emerge como la pieza fundamental para el equilibrio ofensivo de Carlo Ancelotti.

Redacción El Capitán 29 de junio de 2026 4 min de lectura
Matheus Cunha se consolida como el eje táctico del Brasil de Ancelotti
Foto: BBC Sport Football

Brasil avanzó a la fase de eliminación directa del Mundial tras consolidar un esquema táctico basado en la polifuncionalidad de Matheus Cunha, quien se estableció como el delantero titular indiscutido de cara al cruce de octavos ante Japón.

El equipo dirigido por Carlo Ancelotti experimentó una evolución sostenida durante la fase de grupos, logrando una solidez defensiva que le permitió recibir un solo gol en tres partidos, mientras que su frente de ataque acumula siete tantos. La clave de esta transformación radica en la figura de Cunha, un atacante que rompe con el molde tradicional del “nueve” brasileño. Según analistas técnicos de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), el jugador del Wolverhampton funciona como un “nueve y medio”, capaz de retroceder hasta su propio campo para iniciar la gestación de juego, como lo demostró ante Escocia, donde el 39% de sus 38 toques de balón ocurrieron en la mitad de cancha propia.

La estructura del equipo mutó de un 4-2-3-1 inicial a un 4-3-3 más equilibrado, un cambio forzado en parte por la lesión muscular de Raphinha en el debut contra Marruecos. La entrada de Rayan por la banda derecha y la presencia de Vinícius Jr. por la izquierda otorgaron el espacio necesario para que Cunha opere entre líneas. Esta disposición táctica permite que el centrodelantero actúe casi como un volante de contención al momento de presionar, aliviando la carga física sobre Casemiro, quien a sus 34 años había quedado expuesto en el primer encuentro. Con Lucas Paquetá y Bruno Guimarães escoltándolo, el mediocampo brasileño recuperó el control del ritmo de juego sin necesidad de una posesión abrumadora.

Contexto

La llegada de Carlo Ancelotti al banco de la Canarinha estuvo marcada por la incertidumbre sobre la identidad del centrodelantero titular. Antes del inicio del certamen, el técnico italiano probó diversas variantes que incluyeron a Igor Thiago, Endrick, João Pedro y Richarlison, sin encontrar una respuesta definitiva. Históricamente, el seleccionado brasileño se caracterizó por tener referentes de área definidos como Ronaldo, Adriano o Romário, figuras que distan del perfil asociativo que propone Cunha en la actualidad. Este cambio de paradigma coincide con una transición generacional donde los laterales, históricamente ofensivos como Cafú o Roberto Carlos, han adoptado roles más conservadores bajo la gestión actual.

El proceso de adaptación de Ancelotti se basó en la flexibilidad táctica por sobre la imposición de un estilo rígido. Durante los amistosos previos contra Panamá y Egipto, el cuerpo técnico ya había ensayado estrategias de presión tras pérdida y repliegue bajo, alejándose de la obligación de mantener el 70% de la posesión del balón. La victoria ante Escocia fue la confirmación de este modelo: Brasil cedió la iniciativa por momentos para atraer al rival y golpear mediante transiciones rápidas iniciadas por Cunha. Esta capacidad de mutar según el oponente es lo que define la identidad de este nuevo ciclo, priorizando la eficacia sobre el lirismo tradicional del fútbol brasileño.

Impacto

El impacto de este nuevo orden táctico se traduce en una mayor libertad para las estrellas individuales. Al tener laterales como Douglas Santos, Roger Ibáñez o Danilo con funciones más defensivas, Vinícius Jr. puede mantenerse en posiciones de ataque sin la obligación de retroceder constantemente, llegando con mayor frescura a los metros finales. La presencia de Cunha como conector evita que el equipo se parta, permitiendo que Brasil controle los partidos incluso cuando no tiene la pelota. Para el cuerpo técnico, esta madurez táctica es vital para enfrentar a rivales de mayor fluidez ofensiva, como es el caso de Japón en la siguiente instancia.

Desde el punto de vista estadístico, el rendimiento de Cunha valida la apuesta de Ancelotti. Con tres goles en lo que va del torneo, el atacante demostró que su labor de creación no anula su capacidad finalizadora. La prensa especializada y la afición brasileña, que inicialmente mostraron ansiedad y preocupación tras el debut, han volcado su confianza hacia este modelo. La solidez del bloque defensivo, que solo permitió una caída de su valla en 270 minutos de juego, otorga la plataforma necesaria para que el talento de Rayan y Vinícius desequilibre en el último tercio del campo.

El próximo desafío para el conjunto de Ancelotti será el duelo de octavos de final contra Japón, un equipo reconocido por su dinamismo y transiciones veloces. Se espera que el entrenador mantenga la base del 4-3-3 con Cunha como eje, aunque no se descarta el ingreso de Igor Thiago si el partido demanda una mayor presencia física dentro del área. La principal incógnita reside en la recuperación de los futbolistas con molestias musculares y en cómo responderá el sistema defensivo ante un rival que, a diferencia de Haití o Escocia, posee una jerarquía técnica superior en la zona de gestación.

Fuente: BBC Sport Football

¿Cómo te hizo sentir esta nota?

Fuente

Información publicada por BBC Sport Football.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias