La demanda eléctrica nacional registró una caída de 1.800 megavatios (MW) durante el último partido de la Selección argentina frente a Austria, consolidando un fenómeno gráfico denominado “curva en W” que altera el funcionamiento del sistema energético.
Este comportamiento, monitoreado en tiempo real por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), revela una sincronización social sin precedentes en el país. Según datos técnicos del organismo, el consumo comienza a descender drásticamente unos diez minutos antes del inicio del encuentro, cuando millones de ciudadanos apagan electrodomésticos y luces para concentrarse frente a los televisores. Durante el partido contra Austria, disputado el pasado 22 de junio a las 14:00, la demanda se desplomó en una hora, lo que obligó a los operadores a ajustar la generación para evitar una sobrepresión en las líneas de alta tensión. El informe técnico detalla que, al llegar el entretiempo, se produjo un rebote de 1.050 MW en apenas 13 minutos, un volumen de energía equivalente al consumo total de una ciudad de gran escala activándose de manera simultánea.
El fenómeno de la “W” se completa con una segunda caída durante el complemento del partido y un repunte final tras el silbatazo del árbitro. En el encuentro ante el seleccionado austríaco, el segundo tiempo registró una baja de 1.300 MW, mientras que el cierre del juego disparó un incremento de 1.850 MW en solo 40 minutos. Operadores del mercado eléctrico explicaron que estas variaciones no son meras curiosidades estadísticas, sino desafíos críticos para la estabilidad de la frecuencia del Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Para gestionar estos picos y valles, Cammesa activó un protocolo de emergencia que incluyó el uso de las centrales hidroeléctricas Río Grande y Los Reyunos en “modo bomba”. Esta técnica consiste en utilizar energía excedente para elevar agua a embalses superiores, creando una reserva de energía potencial que puede liberarse instantáneamente cuando la demanda vuelve a subir al finalizar el partido.
Contexto
El seguimiento de este patrón eléctrico por parte de las autoridades energéticas se sistematizó tras el Mundial de Qatar 2022. En aquel certamen, la final contra Francia el 18 de diciembre marcó un hito, aunque con características distintas debido a las condiciones climáticas del verano austral. En esa oportunidad, las altas temperaturas mantuvieron los equipos de aire acondicionado encendidos, lo que amortiguó la caída inicial a solo 600 MW, a diferencia de los 1.800 MW registrados en el actual invierno de 2026. Los registros históricos de Cammesa indican que la simultaneidad del comportamiento humano frente a eventos deportivos de esta magnitud es el único factor capaz de alterar la curva de carga nacional de forma tan predecible y violenta, superando incluso a los efectos de los feriados nacionales o las tormentas severas.
La regularidad del fenómeno se verificó también en el debut de la Copa del Mundo 2026 frente a Argelia, el pasado 16 de junio. En ambos encuentros de la fase de grupos, la huella eléctrica fue casi idéntica, lo que permite a los ingenieros del Sistema de Transporte de Energía Eléctrica de Alta Tensión (STAT) anticipar los movimientos con precisión matemática. Fuentes del sector energético señalaron que la evolución de la demanda está directamente ligada al avance de la Selección en el torneo: a medida que los partidos ganan en importancia y audiencia, las oscilaciones de megavatios se vuelven más pronunciadas. El pico máximo de consumo del día 22 de junio se alcanzó recién a las 21:00, con un registro de 25.189 MW, una cifra que se mantuvo dentro de los parámetros de seguridad gracias a la suspensión de todos los mantenimientos programados durante las horas del encuentro.
Impacto
La importancia de este fenómeno radica en la seguridad operativa del país. Una variación brusca de 1.800 MW en menos de una hora puede provocar fluctuaciones de tensión que dañen equipos industriales o generen apagones localizados si no se compensan con la salida o entrada rápida de máquinas generadoras. El impacto es logístico y económico: mantener centrales en reserva o en modo bomba implica un costo operativo adicional que el Estado asume para garantizar que el suministro no colapse mientras la población sigue el evento. Además, este comportamiento refleja un cambio en la matriz de consumo residencial, donde la televisión y los dispositivos de streaming pasan a ser los únicos protagonistas, desplazando otras actividades domésticas que quedan en suspenso hasta el final de la transmisión oficial.
Desde el Ministerio de Economía indicaron que el despacho de seguridad se mantiene activo durante toda la participación argentina para evitar incidentes en el transporte de energía. El operativo para el partido contra Austria incluyó la puesta en servicio de todas las líneas de alta tensión disponibles, asegurando que no hubiera cuellos de botella en el flujo eléctrico hacia los grandes centros urbanos. La coordinación entre las centrales hidroeléctricas, térmicas y los centros de control regional es total, permitiendo que el sistema absorba el impacto del “festejo eléctrico” sin afectar la calidad del servicio en hospitales, industrias o alumbrado público, que deben permanecer estables a pesar de las oscilaciones masivas de la demanda residencial.
De cara a los próximos compromisos de la Selección argentina en la fase de eliminación directa, Cammesa ya prepara informes de previsión de carga que contemplan escenarios de tiempo suplementario y tandas de penales. Estas situaciones extenderían la duración de la “panza” de la W, postergando el rebote final de consumo y exigiendo una gestión de reservas hídricas aún más prolongada. La estabilidad del SADI dependerá, una vez más, de la capacidad de los operadores para espejar en las centrales eléctricas el pulso emocional de millones de argentinos frente a la pantalla.