INTERNACIONAL

Israel ratifica el control militar en el sur de Líbano ante Irán

El primer ministro Benjamin Netanyahu confirmó que las tropas israelíes mantendrán la zona de seguridad en territorio libanés para neutralizar a Hezbollah, rechazando las exigencias de retiro planteadas por Teherán en las negociaciones internacionales.

Redacción El Capitán 23 de junio de 2026 6 min de lectura
Israel ratifica el control militar en el sur de Líbano ante Irán
Foto: Infobae

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ratificó este lunes que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) mantendrán sus operaciones militares y el control de la zona de seguridad en el sur de Líbano, pese a las presiones diplomáticas de Irán.

La decisión fue comunicada tras una reunión de alto nivel en la que participaron el ministro de Defensa, Israel Katz, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, y el comandante del Mando Norte, Rafi Milo. Según indicaron fuentes de la oficina del primer ministro, la cúpula política y militar coincidió en que la presencia de las tropas en la franja fronteriza es innegociable mientras persistan las amenazas contra los ciudadanos del norte de Israel. El comunicado oficial subrayó que las FDI actuarán con determinación para desmantelar la infraestructura operativa de Hezbollah y garantizar que no se produzcan nuevas incursiones en territorio israelí. Esta postura marca una línea roja en las conversaciones indirectas que mantienen Estados Unidos e Irán, donde el régimen de Teherán exige el cese total de las acciones militares y el retiro inmediato de los efectivos israelíes del suelo libanés como condición para un acuerdo de paz regional.

En el terreno operativo, las fuerzas israelíes continúan ejecutando ataques dirigidos contra puntos estratégicos de la organización chiita, mientras que el ministro de Exteriores, Gideon Saar, intentó matizar la posición oficial al asegurar que el Gobierno no posee ambiciones territoriales permanentes en Líbano. No obstante, esta declaración contrasta con las recientes comparaciones realizadas por Netanyahu, quien equiparó la gestión de la seguridad en el sur libanés con los modelos aplicados en la Franja de Gaza y en zonas específicas de Siria. Desde el Ministerio de Defensa señalaron que la prioridad absoluta es el retorno seguro de los residentes desplazados de las comunidades fronterizas, un objetivo que, según los mandos militares, solo puede garantizarse mediante el control físico de la zona de amortiguación para evitar el lanzamiento de proyectiles y la reorganización de las milicias proiraníes.

Por su parte, la respuesta de Hezbollah no se hizo esperar. El líder de la organización, Naim Qassem, ofreció un discurso televisado donde calificó de inaceptable la permanencia de soldados extranjeros en territorio soberano. Qassem rechazó de plano el concepto de zona de seguridad administrada por Israel y sostuvo que la responsabilidad de la custodia fronteriza debe recaer exclusivamente en las Fuerzas Armadas libanesas. El dirigente responsabilizó directamente al Gobierno de Estados Unidos por avalar lo que denominó una agresión continua y advirtió que, aunque respetarán un eventual alto el fuego integral, sus combatientes están preparados para responder ante cualquier violación de la soberanía. La retórica de Qassem refleja la tensión interna en Líbano, donde el costo humano del conflicto ya es devastador, con cifras que superan los 4.000 fallecidos y 12.000 heridos desde el inicio de las hostilidades el pasado 2 de marzo.

Contexto

La actual escalada en el sur de Líbano se inscribe en un conflicto histórico que se intensificó drásticamente tras los ataques del 7 de octubre en el sur de Israel. Desde entonces, Hezbollah inició una campaña de hostigamiento con artillería y drones en apoyo a las milicias palestinas, lo que provocó la evacuación masiva de miles de civiles israelíes. Históricamente, Israel ya había ocupado una franja de seguridad en el sur libanés entre 1985 y el año 2000, una experiencia que dejó profundas huellas en la política exterior de ambos países. La actual incursión terrestre y el establecimiento de una nueva zona de control militar buscan evitar que se repita el escenario de la Resolución 1701 de la ONU, la cual, según fuentes diplomáticas israelíes, no logró impedir que Hezbollah se rearmara y posicionara sus fuerzas de élite Radwan a escasos metros de la frontera internacional.

El escenario actual se ve agravado por la parálisis política en Beirut y la profunda crisis económica que atraviesa Líbano, lo que limita la capacidad del Estado central para ejercer un control efectivo sobre su territorio meridional. En este marco, Irán ha asumido un rol protagónico como interlocutor de las milicias, utilizando su influencia para presionar a Washington en una mesa de negociación que busca estabilizar el precio del petróleo y evitar una guerra regional abierta. Sin embargo, para la administración de Netanyahu, cualquier concesión que implique el retiro de tropas sin garantías de seguridad verificables es vista como una debilidad política interna, especialmente ante los sectores más conservadores de su coalición de gobierno que exigen una victoria militar definitiva sobre el eje de resistencia liderado por Teherán.

Impacto

La decisión de mantener la zona de seguridad tiene consecuencias directas en la arquitectura de seguridad de Medio Oriente y en la estabilidad de los mercados globales. En primer término, la persistencia de la ocupación militar dificulta la implementación de cualquier corredor humanitario efectivo en el sur de Líbano, donde la infraestructura civil ha sufrido daños críticos. Según analistas de organismos internacionales, la permanencia de las FDI prolonga el desplazamiento de más de un millón de libaneses, lo que genera una presión migratoria insostenible hacia el norte del país y hacia Europa. Además, la negativa de Israel a retirarse bloquea los esfuerzos diplomáticos de la Casa Blanca, que busca un éxito en política exterior antes del próximo ciclo electoral, dejando a la región en un estado de guerra de baja intensidad pero de alto impacto humanitario.

Para la economía israelí, el mantenimiento de este despliegue representa un gasto fiscal extraordinario que ya está afectando las proyecciones de crecimiento para el próximo trimestre. Operadores del mercado financiero en Tel Aviv advierten que la incertidumbre sobre la duración de la ocupación mantiene la volatilidad del séquel y eleva las primas de riesgo. Por otro lado, el impacto en la seguridad ciudadana es ambivalente: mientras el Gobierno asegura que la zona de seguridad reduce el riesgo de infiltraciones terrestres, la persistencia del conflicto mantiene a las ciudades del centro de Israel bajo la amenaza constante de ataques de largo alcance por parte de Hezbollah, que ha demostrado conservar capacidad de fuego pese a las bajas sufridas en su cadena de mando.

El próximo paso crítico se dará en las reuniones bilaterales programadas en Ginebra, donde los mediadores internacionales intentarán acercar posiciones sobre un mecanismo de monitoreo fronterizo que pueda reemplazar a las tropas israelíes. La tensión pendiente radica en si Israel aceptará una fuerza internacional con mayor poder de fuego o si insistirá en ejercer el control directo, una postura que, de mantenerse, asegura la continuidad de los enfrentamientos armados en el corto plazo. La comunidad internacional observa con atención si la presión de los aliados occidentales logrará flexibilizar la postura de Netanyahu o si el sur de Líbano se convertirá en un frente de ocupación prolongado similar a otros conflictos históricos de la región.

Fuente: Infobae

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Información publicada por Infobae.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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