Un incendio forestal de grandes dimensiones afectó más de 200 hectáreas de vegetación nativa y dunas en la localidad de Cafayate, Salta, durante las últimas 48 horas, lo que obligó a un despliegue masivo de brigadistas y recursos aéreos.
El operativo de emergencia, coordinado por el Ministerio de Seguridad y Justicia de la provincia, se concentró en el combate de focos activos que avanzaron sobre áreas de monte virgen entre los kilómetros 5 y 7 de la Ruta 68. El ministro Gaspar Solá Usandivaras supervisó las tareas en el campamento de bomberos y confirmó que un avión hidrante con capacidad de 3.000 litros realizó más de 23 descargas estratégicas para frenar el avance del fuego. A pesar de la magnitud del siniestro, las autoridades provinciales indicaron que no se registraron daños en viviendas ni pérdidas de ganado, aunque el personal de tierra enfrentó condiciones extremas. Gabriel Domingo, presidente de los Bomberos Voluntarios de Cafayate, informó que algunos brigadistas sufrieron quemaduras leves e inhalación de humo debido a cambios repentinos en la dirección de las llamas, provocados por ráfagas de viento zonda que superaron los 70 kilómetros por hora durante la jornada más crítica.
La situación técnica en el terreno demandó el uso de cámaras térmicas aéreas para identificar puntos calientes y realizar tareas de enfriamiento precisas. Según fuentes de la Subsecretaría de Defensa Civil de Salta, el despliegue incluyó dotaciones de bomberos de diversas localidades cercanas que trabajaron de manera coordinada con los equipos locales. El avance del fuego fue particularmente agresivo en el sector este de la Ruta 68, una zona que Gabriel Domingo describió como un escenario de devastación total, similar a un desierto. El funcionario detalló que la intensidad del calor generó una capa de ceniza que compromete la estabilidad del suelo a largo plazo. Las tareas de remoción y control de cenizas se mantienen activas para evitar que el descenso de la temperatura, aunque favorable para el trabajo de los aviones, sea solo un alivio temporal frente a la posibilidad de nuevos focos secundarios por la sequedad del material combustible en el suelo.
Contexto
El área afectada por este incendio posee un valor ecológico crítico para la región de los Valles Calchaquíes, ya que los bosques nativos funcionan como una barrera natural contra el avance de los médanos y actúan como reguladores hídricos y térmicos. No es la primera vez que Cafayate enfrenta una crisis de esta magnitud; la zona ya había atravesado un proceso de regeneración natural tras un incendio devastador ocurrido en el año 2005. Aquella recuperación llevó casi dos décadas de estabilidad ambiental que ahora se ven interrumpidas por este nuevo siniestro. La recurrencia de estos eventos en la provincia de Salta está estrechamente vinculada a las condiciones climáticas de la temporada, donde la combinación de baja humedad relativa y la presencia del viento zonda transforma cualquier quema no controlada en un desastre forestal. Históricamente, la falta de infraestructura de riego permanente en las zonas de reserva ha dificultado las tareas de prevención y la posterior reforestación de las áreas degradadas por el fuego.
Impacto
La consecuencia más inmediata de este incendio es la pérdida de biodiversidad en un ecosistema que el ministro Solá Usandivaras calificó como “finito” y extremadamente frágil. La esterilidad del suelo provocada por las altas temperaturas impide que los nutrientes se regeneren de forma natural, lo que podría derivar en un avance acelerado de la desertificación en el departamento. Ante la gravedad del cuadro, el Concejo Deliberante de Cafayate tomó la medida institucional de declarar el Estado de Emergencia Ambiental por Incendios Forestales por un período de 18 meses. Esta normativa reconoce formalmente que la magnitud del desastre supera las capacidades técnicas y financieras del municipio, habilitando la solicitud de fondos extraordinarios y asistencia logística al Gobierno provincial. El impacto también alcanza la seguridad vial, ya que si bien la Ruta 68 permanece habilitada, la visibilidad reducida y el movimiento de maquinaria pesada obligaron a Vialidad Nacional a emitir alertas para los conductores que transitan hacia el sur de la provincia.
El próximo paso para las autoridades locales será la elaboración de un plan de remediación ambiental que, según advirtieron los especialistas de bomberos, requerirá de un sistema de riego planificado debido a la escasez crítica de agua en la zona. Mientras tanto, el operativo de guardia de cenizas continuará durante los próximos días para asegurar que la disminución de las ráfagas de viento sea definitiva y permita declarar el incendio como totalmente extinguido. La tensión permanece centrada en los informes meteorológicos, ya que cualquier repunte en la velocidad del viento podría reactivar focos en las zonas de difícil acceso donde el material orgánico aún conserva temperaturas elevadas. La comunidad de Cafayate aguarda ahora la llegada de los recursos provinciales prometidos bajo el marco de la emergencia para iniciar la evaluación de daños estructurales en el ecosistema de dunas.