ECONOMÍA

La inteligencia artificial impulsó el comercio mundial a US$ 25

El comercio global de bienes creció un 6,5% en 2025 impulsado por la infraestructura física de la inteligencia artificial, según datos del McKinsey Global Institute.

Redacción El Capitán 5 de junio de 2026 6 min de lectura
La inteligencia artificial impulsó el comercio mundial a US$ 25
Foto: Infobae

El comercio global de bienes alcanzó los US$ 25 billones en 2025, lo que representa un crecimiento del 6,5% interanual impulsado principalmente por la demanda de infraestructura física para inteligencia artificial, según el informe del McKinsey Global Institute.

Este incremento del intercambio internacional se produjo a pesar de la profundización de las tensiones geopolíticas y el aumento generalizado de aranceles entre las principales potencias. De acuerdo con los datos técnicos del reporte “Geopolitics and the Geometry of Global Trade: 2026 Update”, el hardware vinculado directamente a la inteligencia artificial —que incluye semiconductores, servidores de alta densidad y equipos de red de última generación— registró una expansión del 40% durante el último ejercicio. Este sector específico fue responsable de explicar aproximadamente un tercio del crecimiento total del comercio mundial, desafiando las proyecciones de los analistas que preveían una desaceleración por la fragmentación de los mercados. Operadores del mercado logístico internacional señalaron que la necesidad de componentes físicos para sostener modelos digitales está reconfigurando las rutas de transporte de carga de alto valor tecnológico.

La dinámica actual rompe con la premisa histórica de que la economía digital tendería a la desmaterialización de los procesos productivos. Por el contrario, la expansión de los modelos de lenguaje y el procesamiento de datos masivos requieren una base física sin precedentes. Fuentes del sector energético internacional indicaron que la construcción de centros de datos demandó niveles récord de transformadores, turbinas, sistemas de refrigeración industrial y kilómetros de fibra óptica. Durante 2025, Estados Unidos consolidó su posición dominante al concentrar cerca del 50% de la nueva capacidad global de data centers, mientras que China aceleró su capacidad industrial asociada para abastecer la demanda de componentes básicos. Esta carrera por la infraestructura tecnológica generó un efecto derrame sobre industrias tradicionales como la metalmecánica y la producción de materiales avanzados, que ahora forman parte esencial de la cadena de suministros de la inteligencia artificial.

Contexto

El escenario comercial de 2025 y principios de 2026 estuvo marcado por una reconfiguración drástica de los flujos bilaterales. Mientras el comercio directo entre Estados Unidos y China sufrió una contracción cercana al 30%, el volumen global no disminuyó, sino que se redireccionó a través de terceros mercados. Este fenómeno, conocido como triangulación comercial, permitió que países del sudeste asiático y de América Latina absorbieran parte de la demanda que antes se resolvía de forma directa entre Washington y Beijing. En este marco, la Unión Europea aceleró la firma de tratados comerciales que permanecían estancados, buscando diversificar sus proveedores de tecnología y energía para reducir la dependencia de nodos logísticos en conflicto. El avance del acuerdo estratégico entre el MERCOSUR y la Unión Europea se inscribe en esta necesidad de las potencias occidentales de asegurar cadenas de suministro estables en un mundo donde la tecnología demanda recursos físicos constantes.

Para Argentina, este cambio de paradigma comenzó a reflejarse en las estadísticas oficiales de comercio exterior. Según datos del INDEC correspondientes a marzo de 2026, el carbonato de litio ingresó por primera vez al listado de los diez principales productos exportados por el país. Este ascenso está directamente vinculado a la necesidad de almacenamiento energético para las infraestructuras que sostienen la inteligencia artificial y la transición hacia fuentes renovables. Paralelamente, el complejo de la economía del conocimiento se consolidó como un pilar de las reservas internacionales, alcanzando exportaciones por US$ 10.000 millones en 2025. Desde el Ministerio de Economía destacaron que la combinación de recursos naturales estratégicos, como el cobre y el gas de Vaca Muerta, junto con el talento técnico local, posiciona al país como un proveedor clave en la nueva arquitectura del comercio global que demanda tanto energía como servicios de alta complejidad.

Impacto

La transformación del mapa comercial impacta directamente en la balanza de pagos de las economías emergentes que logran integrarse a la cadena de valor de la inteligencia artificial. Ya no se trata únicamente de una revolución de software, sino de una competencia por el control de los insumos críticos. El aumento de la demanda de minerales estratégicos y energía para alimentar los servidores globales genera una presión alcista sobre los precios de los commodities tecnológicos, beneficiando a países con reservas probadas de litio y cobre. Analistas de consultoras internacionales advierten que aquellas naciones que no logren adaptar su infraestructura logística y energética a estos nuevos requerimientos quedarán marginadas de los flujos comerciales más dinámicos de la década. El impacto se extiende también al mercado laboral, donde la demanda de servicios basados en conocimiento crece a un ritmo superior al promedio de la economía global, forzando a los Estados a invertir en formación técnica para no perder competitividad frente a otros centros regionales.

El nuevo orden comercial también redefine las alianzas políticas. La necesidad de asegurar el suministro de chips y servidores llevó a la creación de nuevos bloques de cooperación tecnológica que trascienden las fronteras geográficas tradicionales. La inteligencia artificial actúa ahora como un catalizador que modifica las inversiones extranjeras directas, priorizando destinos que ofrezcan seguridad jurídica y estabilidad en el suministro eléctrico. En el ámbito local, esto se traduce en una oportunidad para atraer capitales destinados a la construcción de grandes centros de datos y plantas de procesamiento de minerales, aprovechando el desvío de flujos comerciales que antes se concentraban exclusivamente en el eje Asia-Pacífico. La integración de Argentina en estos circuitos depende de la capacidad de respuesta de su infraestructura energética y de la consolidación de marcos regulatorios que fomenten la exportación de servicios de valor agregado.

Hacia el cierre del primer semestre de 2026, la tendencia indica que la inteligencia artificial seguirá siendo el motor principal del intercambio de bienes y servicios. La tensión pendiente reside en la capacidad de las redes eléctricas globales para soportar el consumo de los nuevos centros de procesamiento, un cuello de botella que podría determinar el ritmo de crecimiento del comercio en los próximos años. El próximo paso clave para la región será la cumbre de ministros de comercio donde se discutirán los nuevos aranceles tecnológicos, un factor que definirá si el crecimiento del 6,5% registrado en 2025 puede sostenerse o si la fragmentación geopolítica terminará por imponerse sobre la necesidad de expansión tecnológica.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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