Los antiguos cables de cobre de telefonía fija pueden transformarse en la base de una red de internet de alta velocidad mediante el uso de fibra óptica plástica y convertidores de medios en hogares argentinos.
La infraestructura de telecomunicaciones obsoleta, presente en millones de hogares construidos antes de la década de 2010, dejó de ser un estorbo para convertirse en un activo estratégico. Según técnicos del sector de telecomunicaciones, los tubos corrugados que transportaban el par de cobre telefónico son el canal ideal para desplegar redes internas de datos. Esta técnica permite evitar el uso exclusivo de repetidores Wi-Fi, que suelen perder potencia al atravesar muros de ladrillo macizo o estructuras de hormigón armado. Al utilizar los conductos existentes, los usuarios pueden llevar una conexión cableada a habitaciones alejadas del router principal, garantizando una estabilidad que el espectro radioeléctrico no siempre puede ofrecer en entornos urbanos saturados.
La implementación de esta solución técnica se basa principalmente en la fibra óptica plástica (POF, por sus siglas en inglés). Este material presenta un diámetro extremadamente reducido, que no supera los 2,2 milímetros, lo que facilita su paso por tuberías que ya contienen otros cables o que presentan curvas muy pronunciadas de 90 grados. A diferencia del cable Ethernet convencional (Categoría 6 o superior), que posee un grosor considerable y una rigidez que dificulta su manipulación en instalaciones antiguas, la fibra plástica es flexible y resistente. Operadores del mercado tecnológico local señalan que este sistema no requiere herramientas de fusión complejas, lo que reduce los costos de instalación y permite que un técnico o un usuario con conocimientos básicos pueda realizar el despliegue en pocas horas.
Para que esta red sea funcional, es indispensable la instalación de conversores de medios en los extremos del tendido. Estos dispositivos reciben la señal eléctrica del router a través de un cable Ethernet corto, la transforman en pulsos de luz para transportarla por la fibra plástica y, en el destino, realizan el proceso inverso para conectar computadoras, televisores inteligentes o consolas de videojuegos. Una de las ventajas competitivas de este método es su inmunidad total a las interferencias electromagnéticas. Al ser un medio de transmisión no metálico, la fibra puede compartir el mismo ducto con cables de tensión eléctrica de 220 voltios sin que se produzca degradación de la señal o riesgos de cortocircuito, una limitación crítica que sí poseen los cables de red tradicionales de cobre.
Contexto
La problemática de la conectividad interna en Argentina se remonta a la transición tecnológica entre el servicio de telefonía básica y la banda ancha. Durante décadas, el despliegue de infraestructura en edificios y casas particulares se limitó a una sola boca de conexión por ambiente, diseñada exclusivamente para la voz. Con la llegada del ADSL y posteriormente de la fibra óptica al hogar (FTTH), el punto de acceso a internet quedó centralizado en un solo lugar de la vivienda, generalmente el living o el comedor. Esto generó las denominadas “zonas muertas” de cobertura, donde la señal inalámbrica es insuficiente para el teletrabajo o el consumo de contenido en alta definición.
Históricamente, la solución para estos problemas de cobertura consistía en realizar perforaciones en las paredes o instalar canaletas plásticas exteriores, opciones que afectan la estética y la integridad estructural de las propiedades. Sin embargo, el relevamiento de cámaras del sector de la construcción indica que más del 60% del parque habitacional en centros urbanos como Buenos Aires, Córdoba y Rosario cuenta con cañerías de telefonía subutilizadas. El aprovechamiento de estos recursos existentes se alinea con las tendencias globales de economía circular y optimización de infraestructura, permitiendo que viviendas de más de 30 años de antigüedad alcancen estándares de conectividad similares a los de edificios inteligentes modernos sin necesidad de reformas integrales.
Impacto
El impacto directo de esta reutilización tecnológica se traduce en una mejora sustancial de la productividad doméstica y el valor inmobiliario. Al disponer de una red cableada interna, la latencia de la conexión —el tiempo de respuesta de la red— se reduce drásticamente en comparación con el Wi-Fi. Esto es vital para sectores específicos como el de los profesionales que realizan videoconferencias constantes o trabajadores de la industria del software. Fuentes del mercado inmobiliario sostienen que una propiedad con conectividad garantizada en todos sus ambientes mediante infraestructura física tiene una mayor demanda en el mercado de alquileres y ventas, especialmente tras la consolidación del modelo de trabajo híbrido.
Desde el punto de vista económico, el uso de fibra óptica plástica o el reemplazo de cables telefónicos por Ethernet sin conectores representa un ahorro de hasta un 70% en comparación con la realización de una obra de cableado nueva que incluya rotura de paredes y pintura. Además, al eliminar la dependencia de múltiples repetidores inalámbricos, se reduce el consumo energético del hogar y se disminuye la contaminación electromagnética en el ambiente. La estabilidad de la conexión cableada también prolonga la vida útil de los dispositivos conectados, ya que estos no deben forzar sus antenas para captar señales débiles, evitando el sobrecalentamiento y el desgaste de componentes internos.
El próximo paso para la masificación de estas redes internas será la estandarización de los kits de instalación en los comercios de electrónica locales. Se espera que, ante la creciente demanda de mayor ancho de banda para servicios de streaming 8K y realidad aumentada, los consorcios de edificios comiencen a autorizar la actualización de las montantes telefónicas comunes. La tensión pendiente reside en la capacitación de los técnicos instaladores, quienes deberán migrar de los conocimientos tradicionales de telefonía analógica hacia la manipulación de redes ópticas domésticas para satisfacer las necesidades de un usuario cada vez más exigente.