Un estudio del Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires (UBA) confirmó que el catolicismo cayó al 57,7% en Argentina, marcando un retroceso histórico frente al avance de los sectores sin filiación religiosa.
Los datos, que surgen del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, exponen una transformación estructural en el mapa espiritual del país. Según el relevamiento realizado entre febrero y marzo de 2026, el grupo de personas que se declaran sin religión —que incluye a ateos, agnósticos y creyentes sin iglesia— escaló hasta el 22,4%, consolidándose como la segunda fuerza identitaria detrás del catolicismo. En tercer lugar se ubica el campo evangélico, que con sus diversas denominaciones ya representa el 17,4% de los habitantes. Juan Cruz Esquivel, investigador principal del CONICET y responsable del estudio, explicó que este fenómeno responde a un quiebre de la matriz única que definió la vida social argentina durante más de un siglo, dando paso a una fragmentación sin precedentes en la que las instituciones tradicionales pierden su capacidad de convocatoria frente a nuevas formas de espiritualidad individualizada.
El informe detalla que la caída del catolicismo es especialmente pronunciada en los centros urbanos y entre los segmentos más jóvenes de la población. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), la secularización alcanza su punto máximo con un 26,1% de personas que afirman no tener ninguna afiliación religiosa, superando la media nacional. Por el contrario, en las provincias del interior del país, la Iglesia Católica logra retener una mayor cuota de pertenencia, alcanzando el 59,4%. Sin embargo, la tendencia general es de retroceso constante. Esquivel precisó que el crecimiento de los “sin religión” no implica necesariamente un aumento del ateísmo militante, sino que refleja un conjunto de personas que mantienen prácticas espirituales o creencias en la trascendencia, pero que al ser consultadas sobre su pertenencia institucional responden de manera tajante: “Ninguna”. Este grupo supera hoy en número a los evangélicos, quienes a pesar de su visibilidad social y política, se mantienen en un 17,4% de la muestra total.
Contexto
Para comprender la magnitud de este cambio, es necesario observar la evolución histórica de los censos nacionales y las encuestas de creencias en el último siglo. Durante la primera mitad del siglo XX, el catolicismo en Argentina era prácticamente hegemónico, con niveles de adhesión que rozaban el 90% de la población, según los registros del censo de 1960. Aquella Argentina se estructuraba bajo una identidad nacional fuertemente ligada a la simbología y los valores de la Iglesia Católica, que operaba como un actor central en la educación, la política y la asistencia social. Sin embargo, a partir de la década de 1980, comenzó a percibirse un goteo constante de fieles hacia el mundo evangélico pentecostal y, más recientemente, hacia la desvinculación total de las estructuras eclesiásticas. Este proceso de pluralización religiosa no es exclusivo de Argentina, sino que se inscribe en una tendencia global de autonomía individual donde el sujeto decide su propio camino espiritual sin la mediación de autoridades jerárquicas.
El recambio generacional aparece como el factor determinante en esta transición. Los datos del Barómetro de la UBA muestran una brecha profunda entre los mayores de 50 años y los menores de 30. Mientras que en el primer grupo el catolicismo conserva una mayoría absoluta del 69% y solo el 12,6% se declara sin religión, en la franja de 16 a 29 años el escenario es radicalmente distinto: solo el 44,6% se identifica como católico y el 31% afirma no tener religión. Esta diferencia de casi 25 puntos porcentuales entre generaciones sugiere que el modelo de transmisión de la fe familiar se ha roto. Según analistas del sector, las nuevas generaciones priorizan una espiritualidad a la carta, influenciada por el acceso a la información y una visión más crítica de las instituciones tradicionales, lo que acelera el proceso de secularización en los grandes conglomerados urbanos del país.
Impacto
La pérdida de hegemonía del catolicismo tiene consecuencias directas en la esfera pública y en la representatividad de las instituciones religiosas ante el Estado. Con un 22,4% de la población fuera de cualquier estructura religiosa, el peso político de las cúpulas eclesiásticas en debates sobre leyes civiles, derechos reproductivos o educación tiende a diluirse. Asimismo, el estudio destaca una marcada feminización de la religiosidad, particularmente en el sector evangélico, donde el 19,3% de las mujeres se identifica con esta fe frente al 15,2% de los varones. En contrapartida, los hombres son más propensos a la desvinculación institucional: el 25,7% de los varones se declara sin religión, comparado con el 18,8% de las mujeres. Esta disparidad de género sugiere que las iglesias están fallando en interpelar al público masculino, mientras que las comunidades evangélicas logran una mayor inserción en sectores de menor escolaridad, donde el 22,5% de los consultados se vincula a estas iglesias por su rol de contención social.
Por otro lado, el nivel educativo se consolida como una variable clave para entender la pertenencia religiosa en la Argentina actual. El informe de la UBA señala que en los niveles de educación media y superior crece exponencialmente el grupo de personas sin religión, lo que vincula la formación académica con una mayor tendencia a la autonomía espiritual. En los sectores con menor instrucción formal, en cambio, las iglesias evangélicas cumplen una función de red de seguridad y apoyo comunitario que las instituciones estatales o las parroquias católicas tradicionales no siempre logran cubrir. Este fenómeno de “creer sin pertenecer” redefine el concepto de identidad colectiva en el país, desplazando el eje de una tradición compartida hacia un esquema de espiritualidades diversas, fragmentadas y, en muchos casos, despojadas de cualquier compromiso con la liturgia o la doctrina oficial de las iglesias.
El escenario hacia el futuro inmediato plantea una profundización de la segmentación religiosa. Los investigadores del Observatorio de las Creencias de la UBA prevén que, de mantenerse las tasas actuales de desvinculación entre los jóvenes, el catolicismo podría dejar de ser la mayoría absoluta en la próxima década. La tensión pendiente radica en cómo el Estado y las organizaciones sociales procesarán esta nueva realidad, donde casi un cuarto de la población no se siente representada por ninguna fe organizada. El próximo paso para los sociólogos y analistas será monitorear si el crecimiento de los sectores sin religión se traduce en una mayor demanda de laicidad en las políticas públicas o si, por el contrario, surge una nueva forma de religiosidad civil desvinculada de los templos pero presente en la cultura popular argentina.