SOCIEDAD

Conrado Estol advierte que la audición y visión previenen la demencia

El neurólogo Conrado Estol destacó que el cuidado de los sentidos y siete pilares de hábitos saludables son determinantes para reducir el riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores.

Redacción El Capitán 2 de junio de 2026 5 min de lectura
Conrado Estol advierte que la audición y visión previenen la demencia
Foto: La Nación

El neurólogo Conrado Estol afirmó que la corrección de la audición y la visión reduce drásticamente el riesgo de demencia, durante una presentación sobre longevidad saludable realizada esta semana en la Ciudad de Buenos Aires.

El especialista detalló que existe una brecha crítica entre la cantidad de años que vive una persona y la calidad de salud con la que llega a esa etapa. Según datos analizados por Estol en su práctica clínica y estudios de salud pública, dos tercios de la población atraviesan sus últimos diez años de vida en un estado de salud calificado como malo o muy malo. Esta estadística refleja una crisis en la gestión del envejecimiento, donde la medicina ha logrado extender la vida cronológica, pero no necesariamente la funcionalidad biológica. Para el neurólogo, la clave para revertir esta tendencia se encuentra en la prevención sensorial, ya que el aislamiento social provocado por no escuchar o no ver correctamente funciona como un acelerador directo del deterioro cerebral. La hipoacusia, que afecta a una gran parte de los adultos mayores de 70 años, suele ser subestimada tanto por pacientes como por el sistema médico, a pesar de ser un factor de riesgo modificable de gran impacto.

La estrategia propuesta por Estol para alcanzar una longevidad plena se basa en la adopción sistemática de siete pilares fundamentales que deben integrarse a la rutina diaria mucho antes de alcanzar la vejez. Estos ejes incluyen el control estricto del estrés, el mantenimiento de vínculos sociales activos, un sueño reparador y de calidad, la eliminación total del tabaquismo, la moderación en el consumo de alcohol, una nutrición equilibrada y la práctica regular de ejercicio físico. De acuerdo con fuentes del sector sanitario, la implementación de estos hábitos puede retrasar la aparición de enfermedades neurodegenerativas hasta en una década. Estol enfatizó que la biología humana actual está preparada para alcanzar los 80 o 90 años en condiciones óptimas, siempre que se evite la pasividad y se mantenga un propósito de vida claro, desmitificando la idea de que el envejecimiento es sinónimo de decadencia inevitable.

Contexto

El concepto de expectativa de vida ha evolucionado significativamente en la última década, desplazando el foco desde la mera supervivencia hacia la denominada expectativa de salud. Históricamente, las políticas sanitarias se centraron en reducir la mortalidad infantil y combatir enfermedades infecciosas, lo que elevó el promedio de vida en Argentina por encima de los 76 años. Sin embargo, este éxito demográfico trajo consigo el desafío de las enfermedades crónicas y neurodegenerativas. El planteo de Estol surge en un momento donde la ciencia médica comienza a tratar al envejecimiento no como un proceso pasivo, sino como una condición influenciable por factores epigenéticos. Antecedentes en investigaciones internacionales coinciden en que la soledad y el aislamiento, derivados muchas veces de la pérdida de sentidos, tienen un efecto inflamatorio en el cerebro similar al de enfermedades metabólicas no tratadas.

Además, el marco social de la jubilación en Argentina y la región suele empujar a los adultos mayores hacia una desconexión productiva que resulta perjudicial. Estol remarcó que, estadísticamente, una proporción significativa de los emprendimientos y negocios exitosos a nivel global son iniciados por personas que superan los 60 años. Este dato contradice el estigma de la pasividad asociado a la tercera edad y refuerza la necesidad de mantener una actividad intelectual y social constante. La visión del neurólogo se alinea con las nuevas tendencias de la medicina preventiva que sugieren que la edad cronológica es un indicador cada vez menos preciso de la capacidad real de un individuo, existiendo personas de 30 años con perfiles biológicos envejecidos y adultos de 80 con una plasticidad neuronal envidiable.

Impacto

La relevancia de estas definiciones radica en el impacto directo sobre el sistema de salud pública y la economía plateada. Si se logra que una mayor proporción de la población mantenga su autonomía cognitiva y física, la presión sobre los servicios de cuidados intensivos y geriátricos disminuiría considerablemente. Operadores del sector de salud privada señalan que las intervenciones tempranas, como la cirugía de cataratas o la provisión de audífonos, tienen un retorno de inversión social altísimo al prevenir cuadros de demencia que requieren asistencia permanente. El impacto no es solo médico, sino también social: una población mayor activa contribuye al consumo, la transmisión de conocimiento y la estabilidad del tejido comunitario, evitando el fenómeno del desarraigo emocional que sufren quienes pierden la conexión con su entorno por fallas sensoriales tratables.

Por otro lado, la insistencia en el optimismo y la visión positiva como herramientas clínicas cambia el paradigma del tratamiento neurológico tradicional. No se trata solo de medicación, sino de una reconfiguración del estilo de vida que exige compromiso individual y políticas públicas que fomenten espacios de integración. La advertencia de Estol sobre el riesgo de las “telenovelas toda la tarde” apunta a combatir la atrofia cognitiva por desuso, un problema creciente en sociedades con altos niveles de sedentarismo digital. La integración de los siete pilares mencionados por el especialista podría reducir la incidencia de Alzheimer y otras formas de demencia en porcentajes que las farmacoterapias actuales aún no han logrado alcanzar por sí solas.

Hacia adelante, el desafío para la comunidad médica y la sociedad argentina será integrar estos controles sensoriales en los chequeos de rutina de forma tan natural como se mide la presión arterial o el colesterol. La detección temprana de la hipoacusia y la corrección visual se perfilan como las fronteras más accesibles y económicas para proteger la salud cerebral de la población. El próximo paso en esta transformación cultural será derribar los prejuicios sobre el uso de dispositivos de asistencia auditiva y fomentar una cultura del movimiento y el propósito que no se extinga con la edad jubilatoria. La tensión pendiente reside en la capacidad del sistema para garantizar el acceso a estos tratamientos preventivos en todos los estratos sociales, asegurando que la longevidad de calidad no sea un privilegio de pocos.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

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