El Mercado Central de Buenos Aires y el Banco de Alimentos sellaron un acuerdo para distribuir frutas y verduras a 1.300 organizaciones sociales, con el objetivo de reducir el desperdicio alimentario en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
La formalización de esta alianza estratégica permite que el Banco de Alimentos Buenos Aires intervenga directamente en la logística de recuperación de productos dentro del predio de Tapiales. Según los términos establecidos en el documento suscripto por ambas entidades, la Corporación del Mercado Central de Buenos Aires (CMCBA) autoriza la recolección de mercadería apta para el consumo humano que, por razones comerciales o de excedente, no ingresa al circuito de venta tradicional. Los operadores frutihortícolas, que actúan como el motor privado del mercado, son los encargados de disponer voluntariamente de estos productos. La organización receptora se comprometió a retirar las frutas y hortalizas de forma gratuita y a garantizar su entrega, también sin costo alguno, a comedores y merenderos que asisten a sectores vulnerables. Esta medida busca optimizar los recursos de un centro logístico que abastece diariamente a más de 14 millones de personas y procesa mercadería proveniente de todas las economías regionales del país.
Fabián Miguelez, presidente del Mercado Central, destacó que el acuerdo representa una herramienta concreta para transformar el esfuerzo cotidiano de los operadores en ayuda social directa. Por su parte, Fernando Uranga, director general del Banco de Alimentos, subrayó la magnitud del volumen de mercadería que se maneja en el predio, lo que permitirá escalar significativamente la asistencia nutricional. Desde el Banco de Alimentos explicaron que la tarea es doble: por un lado, se realiza un rescate que reduce el impacto ambiental derivado de la descomposición de residuos orgánicos y, por el otro, se asegura que productos de alta calidad nutricional lleguen a quienes más lo necesitan. La mercadería recuperada debe cumplir estrictamente con las normativas higiénico-sanitarias vigentes, bajo la supervisión de los controles establecidos por el Código Alimentario Argentino y las resoluciones del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), asegurando que la ayuda no comprometa la salud de los beneficiarios.
Contexto
El escenario que motiva este convenio se asienta sobre una problemática estructural de la cadena agroalimentaria argentina: se estima que el 30% de los alimentos producidos en el país nunca llegan a ser consumidos. Este fenómeno de pérdida y desperdicio ocurre en distintas etapas, desde la cosecha hasta la comercialización minorista. El Mercado Central ya contaba con antecedentes en la materia a través de su área de Acción Comunitaria, que gestiona el Programa de Donaciones y el Programa Familias. Durante el año 2025, estas iniciativas permitieron rescatar un total de 1.076.170 kilogramos de alimentos, una cifra récord que demuestra el potencial de recuperación del principal centro de comercialización mayorista de la región. La incorporación del Banco de Alimentos como actor logístico y de distribución busca profesionalizar y ampliar este alcance, aprovechando la red capilar de 1.300 instituciones que ya trabajan de forma articulada con la ONG en el conurbano bonaerense y la Capital Federal.
Además, el acuerdo se integra con el Programa Reagro, una iniciativa del Banco de Alimentos orientada específicamente al rescate de excedentes en el sector primario. Lucio Maurizio, coordinador de dicho programa, señaló que la articulación con mercados concentradores es fundamental para el acceso a productos frescos en las grandes urbes. Actualmente, la organización ya trabaja con cinco de los mercados más importantes del AMBA, consolidando un modelo de economía circular donde el excedente deja de ser un residuo para convertirse en un recurso social. La firma del convenio se realizó en coincidencia con el Día Mundial del Reciclaje, reforzando la idea de que la gestión de alimentos es también una política ambiental necesaria para la sustentabilidad de las cadenas de suministro urbanas, especialmente en un contexto de alta demanda social en los barrios periféricos.
Impacto
La consecuencia inmediata de este acuerdo es el fortalecimiento de la seguridad alimentaria para miles de familias que dependen de la red de asistencia del Banco de Alimentos. Al incorporar frutas y verduras frescas, se mejora la calidad de las dietas en los comedores comunitarios, que suelen tener un exceso de hidratos de carbono y déficit de micronutrientes. El impacto no es solo nutricional, sino también educativo. El convenio contempla la realización de talleres de educación alimentaria para que las organizaciones sociales aprendan a optimizar el aprovechamiento de los productos recuperados, minimizando nuevamente el desperdicio en la etapa de preparación. Para los operadores comerciales del Mercado Central, el acuerdo ofrece un canal transparente y eficiente para canalizar su responsabilidad social empresaria, garantizando que sus donaciones lleguen efectivamente a destino bajo estándares de trazabilidad auditables.
Desde el punto de vista operativo, la logística de retiro y distribución gratuita elimina los costos de disposición final para el Mercado Central y reduce la carga de residuos orgánicos que deben ser procesados por la Ceamse. Expertos del sector agroindustrial indican que este tipo de acuerdos público-privados son esenciales para mitigar las ineficiencias del mercado mayorista, donde la volatilidad de los precios y la perecederidad de los productos suelen generar descartes masivos. La escala del Mercado Central, siendo uno de los más relevantes de América Latina, posiciona a este convenio como un caso testigo que podría replicarse en otros mercados provinciales de Argentina, como los de Córdoba, Rosario o Mendoza, donde la problemática del desperdicio de hortalizas sigue siendo un desafío pendiente para las autoridades locales y los bancos de alimentos regionales.
Hacia adelante, el desafío de las instituciones firmantes será mantener la regularidad de los rescates y ampliar la cantidad de operadores comerciales adheridos al programa voluntario de donaciones. Se espera que en el próximo semestre se realice una primera evaluación de impacto para cuantificar el incremento en el tonelaje de productos frescos distribuidos. La tensión pendiente radica en la capacidad logística para procesar volúmenes crecientes de mercadería altamente perecedera, lo que requerirá una coordinación precisa entre los tiempos de carga en el Mercado Central y la descarga en los nodos de distribución del Banco de Alimentos. El éxito de esta iniciativa marcará un precedente en la gestión de excedentes urbanos y en la lucha contra el hambre en los sectores más postergados del Área Metropolitana.