SALUD

Saladillo impulsa el agroturismo con la cosecha abierta de kiwis

Un establecimiento productivo en Saladillo habilitó la cosecha participativa de kiwis agroecológicos para visitantes, integrando la producción frutícola con el turismo educativo y el consumo directo sin intermediarios.

Redacción El Capitán 30 de mayo de 2026 6 min de lectura
Saladillo impulsa el agroturismo con la cosecha abierta de kiwis
Foto: La Nación

Productores frutícolas de Saladillo iniciaron la temporada de cosecha participativa de kiwis agroecológicos en el centro bonaerense, permitiendo que turistas recolecten frutos directamente de los parrales bajo un programa de agroturismo técnico y educativo.

La iniciativa, denominada “Cosechadores por un día”, se desarrolla en un establecimiento que cuenta con 500 parras de kiwi y 300 plantas de cítricos, gestionado por María de los Ángeles Dellatorre y Oscar de Luca. El proyecto busca integrar al consumidor final en la cadena productiva, eliminando intermediarios y garantizando la trazabilidad del alimento. Según datos del sector, la propuesta se divide en dos etapas principales: la recolección de la variedad Summer, que comienza en marzo y presenta una morfología alargada, y la variedad Hayward, la más difundida en el mercado argentino, cuya cosecha se extiende desde fines de abril hasta mayo. Los visitantes abonan una tarifa de $15.000 por persona para acceder a los circuitos guiados, donde se les instruye sobre la historia milenaria del fruto de origen chino y las especificaciones técnicas de su cultivo en suelo bonaerense.

El proceso de producción que lidera De Luca junto a un equipo técnico especializado requiere un seguimiento exhaustivo durante todo el año calendario. Tras la recolección, el ciclo continúa con la poda de ramas y el posterior atado sobre las estructuras de los parrales, una maniobra crítica para evitar que el fruto tome contacto con el suelo y se deteriore. Fuentes del sector agroecológico destacan que la polinización es el punto de mayor inversión y complejidad técnica; aunque el proceso se inicia de forma natural en noviembre, los productores deben realizar una polinización manual reforzada. Para ello, adquieren polen a proveedores especializados, un insumo de alto costo que asegura el cuaje de la flor. En diciembre, se realiza el raleo de las plantas, eliminando el excedente de botones verdes para concentrar la energía del ejemplar en los frutos definitivos, garantizando así el calibre comercial exigido por los consumidores.

Contexto

El cultivo de kiwi en la provincia de Buenos Aires ha ganado terreno en la última década, desplazando en algunas zonas a cultivos tradicionales debido a su alta rentabilidad por hectárea y la creciente demanda interna de alimentos con alto contenido de vitamina C. Históricamente, Argentina dependía de la importación de esta fruta, principalmente de Chile e Italia, pero el desarrollo de polos productivos en Mar del Plata, Madariaga y ahora Saladillo ha permitido sustituir importaciones y ofrecer un producto de mayor frescura. Dellatorre, quien se especializó en agroturismo en la Universidad Nacional de La Plata, identificó hace tres años la necesidad de transformar la plantación en un activo turístico. Esta tendencia de “turismo de cercanía” o “escapadas rurales” se consolidó tras la pandemia, impulsando a los productores a abrir sus tranqueras para diversificar ingresos ante la volatilidad de los precios mayoristas.

La certificación agroecológica del establecimiento Kiwi Saladillo responde a una demanda creciente de productos libres de agroquímicos. El manejo del suelo y las plagas se realiza mediante métodos biológicos, lo que permite que la marca se posicione en mercados regionales y ferias de productores bonaerenses. La comercialización directa es un pilar del modelo de negocio: al vender el fruto y sus derivados, como mermeladas artesanales, directamente al visitante o en mercados locales, los productores logran un precio final inferior al de las grandes cadenas de supermercados, capturando al mismo tiempo un mayor margen de ganancia al evitar los costos de logística y distribución de las grandes redes comerciales.

Impacto

La implementación de este modelo productivo-turístico impacta directamente en la economía regional de Saladillo, fomentando el empleo indirecto en el sector servicios y posicionando a la localidad en el mapa del turismo gastronómico bonaerense. El uso de herramientas de precisión, como el refractómetro, asegura que el consumidor acceda a un producto de calidad superior. Según explicaron los responsables del predio, la cosecha solo se inicia cuando el fruto alcanza los seis grados Brix, la unidad que mide el nivel de azúcar o dulzor. Este estándar técnico garantiza que el kiwi tenga el sabor óptimo, diferenciándose de los ejemplares que se cosechan prematuramente para soportar largos traslados en cámaras frigoríficas, los cuales suelen carecer de las propiedades organolépticas deseadas.

Desde el punto de vista nutricional, el proyecto se presenta como “el camino de la vitamina C”, cubriendo un calendario de oferta que va desde marzo hasta julio. La rotación entre el kiwi y los cítricos (limones, naranjas y mandarinas) permite mantener la actividad del establecimiento durante todo el otoño e invierno, rompiendo la estacionalidad del turismo rural convencional. Para los visitantes, la experiencia de recolectar, pesar y seleccionar su propio alimento genera un vínculo de confianza con el productor que las góndolas tradicionales no pueden ofrecer. Además, la posibilidad de participar en el pesaje y competir simbólicamente por el fruto de mayor tamaño añade un componente lúdico que atrae especialmente al público familiar de los centros urbanos cercanos.

El éxito de las mermeladas artesanales producidas en el lugar confirma la viabilidad de agregar valor en origen. La transformación de la fruta excedente o de menor calibre en dulces permite reducir el desperdicio alimentario y generar una línea de ingresos secundaria que se mantiene activa fuera de la ventana de cosecha. Operadores del mercado frutihortícola señalan que este tipo de emprendimientos familiares son fundamentales para la resiliencia de las economías regionales, ya que no dependen exclusivamente de los precios de referencia del Mercado Central, sino de la fidelización de una clientela que valora el método de producción sustentable y la experiencia de compra presencial.

Hacia adelante, el establecimiento planea expandir su infraestructura para recibir contingentes educativos y profundizar la investigación en variedades de kiwi que se adapten mejor al clima cambiante de la zona núcleo bonaerense. La próxima meta es consolidar la marca Kiwi Saladillo en el circuito de exportación de nicho, mientras se mantiene la apertura al público como eje de difusión cultural. La tensión pendiente radica en la estabilidad de los costos de los insumos importados, como el polen para la polinización manual, que sigue siendo el factor de mayor riesgo para la escala de producción en las campañas venideras.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

El Capitan IATu asistente de noticias