CULTURA

Steve Kang: el testimonio del hombre que asegura haber visitado el infierno tras ocho horas inconsciente

El actual pastor evangelista Steve Kang relató su experiencia cercana a la muerte tras una sobredosis, describiendo un escenario de tormento que lo llevó a abandonar las adicciones y volcarse a la religión.

Redacción El Capitán 24 de mayo de 2026 6 min de lectura
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Foto: La Nación

Steve Kang, un actual pastor evangelista de origen surcoreano, relató haber permanecido clínicamente muerto durante ocho horas tras un intento de suicidio por sobredosis, experiencia que transformó su vida tras asegurar que visitó el infierno.

El relato de Kang, que cobró relevancia internacional tras sus declaraciones ante el podcaster Vlad Savchuk y diversos medios especializados, detalla una transición drástica desde una vida consumida por el abuso de sustancias hacia el liderazgo religioso. Según los registros médicos citados por el protagonista, el episodio ocurrió luego de que ingiriera una combinación letal de metanfetaminas y éxtasis, lo que él denominaba en su entorno privado como el “tazón de la muerte”. Al ser trasladado de urgencia a un centro hospitalario por paramédicos, el hombre perdió los signos vitales, momento en el que, según su testimonio, comenzó una travesía metafísica por un plano de existencia desolador y violento. Durante el tiempo que los cirujanos y el personal de emergencias trabajaban para estabilizar su organismo, Kang afirma haber experimentado una realidad paralela caracterizada por la ausencia total de luz y una geografía compuesta exclusivamente por rocas afiladas que herían su cuerpo al desplazarse.

En su descripción técnica de los hechos, Kang puntualizó que, aunque el reloj del hospital marcó un lapso de ocho horas de inconsciencia profunda, su percepción subjetiva del tiempo fue radicalmente distinta, sintiendo que el evento duró apenas entre 15 y 20 minutos. El pastor describió la presencia de entidades de proporciones masivas, las cuales identificó como demonios de aproximadamente cinco pisos de altura que custodiaban el lugar. Según indicaron fuentes cercanas a su congregación, este relato se convirtió en el eje central de su ministerio actual, donde utiliza los detalles de su supuesto tormento —incluyendo la sensación de tener una cadena incrustada en el abdomen— para ilustrar las consecuencias espirituales de lo que él denomina una vida de pecado. Kang enfatizó que el dolor físico y emocional sentido en ese estado no tiene correlato con ninguna experiencia humana conocida, lo que lo llevó a una revelación interna sobre su propia conducta previa al incidente.

Contexto

Para comprender la magnitud de la transformación de Steve Kang, es necesario analizar su trayectoria previa, marcada por un sincretismo cultural y una caída progresiva en la marginalidad. Criado bajo los preceptos del budismo, Kang llegó a cursar estudios formales para convertirse en monje, una formación que buscaba darle un sentido de orden a su existencia. Sin embargo, al alcanzar la adultez, el hombre se alejó de las prácticas monásticas y se sumergió en una crisis emocional profunda que lo derivó hacia el mercado de las drogas sintéticas. El consumo de metanfetamina y éxtasis se volvió crónico, llevándolo a un estado de enajenación mental donde la creación del mencionado “tazón de la muerte” —una mezcla química de alta toxicidad— representó el punto de quiebre definitivo. De acuerdo con especialistas en toxicología, este tipo de combinaciones suelen provocar fallas multiorgánicas y paros cardiorrespiratorios casi inmediatos, lo que explica la intervención de urgencia de los paramédicos y el estado de muerte clínica reportado.

Este fenómeno de Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) no es ajeno a la literatura médica y psicológica contemporánea. Diversos estudios realizados en instituciones de salud mental han documentado casos donde pacientes que atraviesan paros cardíacos reportan visiones complejas, aunque el caso de Kang destaca por la especificidad de su narrativa religiosa y la duración del periodo de inconsciencia. Históricamente, este tipo de testimonios suelen surgir en contextos de crisis existenciales profundas, donde el sujeto experimenta una ruptura total con su realidad inmediata. En el caso de Kang, su pasado budista y su posterior conversión al cristianismo evangélico ofrecen un marco de referencia sobre cómo las personas procesan traumas biológicos extremos a través de la fe. La transición de monje budista a adicto y, finalmente, a predicador cristiano, marca un arco de vida que Kang utiliza hoy como una herramienta de persuasión y ayuda para personas que atraviesan cuadros de depresión o dependencia química.

Impacto

La difusión del testimonio de Kang generó un impacto directo en las comunidades de rehabilitación y en los círculos religiosos de Estados Unidos y otros países. Su historia funciona como un catalizador para el debate sobre la salud mental y el tratamiento de las adicciones desde una perspectiva espiritual. Según operadores del sector de asistencia social, este tipo de relatos suelen tener una recepción ambivalente: por un lado, sirven como una advertencia severa para los consumidores de sustancias peligrosas y, por otro, plantean interrogantes sobre los límites de la conciencia humana durante los procesos de reanimación médica. La figura de Kang se ha consolidado como la de un referente para aquellos que consideran que la medicina tradicional no es suficiente para superar las crisis de dependencia, promoviendo una salida basada en la fe y el arrepentimiento personal.

A nivel institucional, el caso de Kang puso de relieve la importancia de los protocolos de emergencia en situaciones de sobredosis crítica. La intervención de los paramédicos fue el factor determinante que permitió que, tras ocho horas de incertidumbre clínica, el hombre pudiera recuperar sus funciones vitales. Desde el punto de vista sociológico, el impacto de su narrativa radica en la capacidad de transformar un evento traumático y potencialmente fatal en una plataforma de comunicación masiva. Kang sostiene que su misión actual es evitar que otros atraviesen el mismo destino, afirmando que no desearía que ni sus peores enemigos experimentaran lo que él describe como el vacío absoluto del infierno. Esta postura lo llevó a recorrer diversos escenarios internacionales, donde su relato de las cadenas abdominales y los demonios gigantes actúa como una metáfora potente sobre la esclavitud de las adicciones en la sociedad moderna.

En la actualidad, Steve Kang continúa su labor como pastor, manteniendo una agenda activa de conferencias y presentaciones en plataformas digitales. El próximo paso en su trayectoria incluye la publicación de materiales detallados sobre su experiencia, con el objetivo de formalizar su testimonio como una guía de prevención contra el suicidio y el consumo de drogas. Mientras la comunidad científica mantiene una postura cauta respecto a las visiones producidas durante estados de muerte clínica, atribuyéndolas a menudo a procesos neuroquímicos del cerebro ante la falta de oxígeno, la influencia de Kang en el ámbito de la fe sigue creciendo. La tensión entre la explicación médica y la vivencia espiritual permanece abierta, pero para Kang, la realidad de lo vivido durante esas ocho horas es el único motor que sostiene su nueva vida lejos de los excesos que casi le cuestan la existencia.

Fuente: La Nación

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Información publicada por La Nación.

Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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