El gobierno de Italia confirmó su disposición para integrar una coalición internacional defensiva destinada a reabrir el estrecho de Ormuz, tras la escalada del conflicto bélico entre Irán y los Estados Unidos que mantiene bloqueada la principal ruta petrolera mundial.
La iniciativa, presentada ante el Parlamento italiano, busca restablecer la estabilidad en una zona donde transita aproximadamente el 20% del petróleo global y una cuarta parte de las exportaciones de gas natural licuado. Según fuentes de la Cancillería italiana, la propuesta contempla operaciones de desminado y patrullaje comercial para mitigar el shock económico que afecta la competitividad industrial europea. El ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Tajani, mantuvo encuentros estratégicos con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y con su par chino, Wang Yi, para coordinar una salida diplomática que evite una mayor fragmentación del comercio internacional en un año donde las exportaciones italianas, pese a las tensiones, proyectan un crecimiento del 3,3% para 2025.
El despliegue operativo que propone Roma se apoya en la experiencia de la misión europea ASPIDES, donde Italia y Grecia actualmente patrullan el mar Rojo. La intención del Palacio de la Farnesina es ampliar este modelo al estrecho de Ormuz para proteger las cadenas de suministro de materias primas esenciales. Operadores del mercado energético advierten que la inseguridad en estas rutas ya impactó en los costos operativos de las empresas locales, dado que las exportaciones representan el 40% del Producto Bruto Interno (PBI) de Italia. En este sentido, la diplomacia italiana también ha extendido puentes con el ministro iraní Abbas Araghchi, exigiéndole que Teherán retome la colaboración con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y cese los ataques contra infraestructuras en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Omán y Arabia Saudita.
La estrategia italiana no se limita a la seguridad marítima, sino que abarca la estabilidad del Líbano como pieza clave del equilibrio regional. El Ejecutivo italiano ofreció su territorio para albergar conversaciones directas entre Israel y el gobierno de Beirut, mediadas por Washington, con el fin de transformar la tregua actual en un proceso de paz duradero. Durante una reciente misión en territorio libanés, se ratificó el apoyo al presidente Joseph Aoun y se coordinaron acciones para fortalecer a las fuerzas de seguridad locales en la lucha contra el lavado de activos. Paralelamente, Italia mantiene el despliegue de sus militares en las misiones UNIFIL y MIBIL, mientras presiona en Bruselas por sanciones contra colonos extremistas israelíes y el desarme operativo de la organización Hamas.
Contexto
La crisis en el estrecho de Ormuz se desarrolla sobre un trasfondo de décadas de hostilidad estructural entre el eje Washington-Tel Aviv y el régimen de Teherán. Este paso marítimo es históricamente el punto de mayor fricción geopolítica debido a su estrechez geográfica y su importancia crítica para el abastecimiento energético de Occidente y Asia. Los antecedentes inmediatos incluyen la represión de protestas juveniles en Irán y el desarrollo de programas de misiles que, según informes de inteligencia de la OTAN, amenazan la seguridad de los países del Golfo. Italia ha intentado posicionarse como un mediador histórico en el Mediterráneo ampliado, utilizando su influencia en el G7 para evitar que el conflicto derive en una guerra regional total que interrumpa definitivamente el flujo de hidrocarburos.
A este escenario se suma la inestabilidad en el mar Rojo y el Líbano, donde la presencia de milicias financiadas por Irán ha complicado la navegación comercial desde finales de 2023. La convocatoria de la “Coalición de Roma para la Seguridad Alimentaria” en mayo, que reunió a treinta países junto a la FAO y el gobierno de Croacia, marcó un punto de inflexión en la política exterior italiana. Este foro busca desvincular el precio de los fertilizantes y la energía de los vaivenes del conflicto en Ormuz, recordando que el 30% de los fertilizantes mundiales pasan por ese estrecho. La memoria de crisis previas, como la de 1973 o las tensiones de la década de 1980, sobrevuela las decisiones actuales de una Europa que busca reducir su dependencia y vulnerabilidad ante bloqueos en Oriente Medio.
Impacto
El bloqueo de Ormuz representa un riesgo sistémico para la seguridad alimentaria global, afectando principalmente a las economías más frágiles de África y el Mediterráneo. La escasez de fertilizantes, cuya distribución depende de este paso, amenaza con reducir drásticamente la producción agrícola en países como Sudán, agravando crisis humanitarias y potenciando flujos migratorios descontrolados hacia las costas europeas. Para la economía italiana, el impacto es directo sobre la estructura de costos: el encarecimiento del gas y el petróleo se traslada de inmediato a las facturas de las familias y a la competitividad de las pequeñas y medianas empresas exportadoras, que son el motor del PBI nacional.
En términos políticos, la centralidad de Italia en la mediación entre el Líbano e Israel refuerza su rol dentro de la Unión Europea como el interlocutor natural con el mundo árabe. La aprobación de sanciones contra colonos israelíes y contra estructuras financieras de Hamas en Bruselas demuestra un endurecimiento de la postura diplomática que busca equilibrar la defensa de la seguridad de Israel con la protección de las poblaciones civiles en Gaza y el sur del Líbano. La llegada de 72 estudiantes palestinos a universidades italianas bajo programas de becas es una señal de que Roma apuesta a la formación de una futura clase dirigente que pueda sostener la solución de dos Estados, considerada por la Farnesina como la única salida viable a largo plazo.
El próximo paso decisivo será la resolución de las negociaciones en Pakistán, que el gobierno italiano considera fundamentales para mantener un canal de diálogo abierto con Irán. Mientras tanto, la Armada italiana aguarda la orden de despliegue para iniciar las tareas de desminado en el estrecho, supeditada a la conformación final de la coalición liderada por los Estados Unidos. La tensión permanece alta mientras Teherán no dé señales claras de reducir su actividad misilística y retomar el pacto nuclear, lo que mantiene a los mercados energéticos en un estado de alerta permanente de cara al segundo semestre de 2025.