Un buque de carga indio se hundió este jueves frente a las costas de Omán tras un presunto ataque con drones, mientras que otra embarcación fue secuestrada cerca de Emiratos Árabes Unidos por hombres armados en el estrecho de Ormuz.
El incidente más grave afectó al dhow “Haji Ali”, una embarcación tradicional de madera con bandera de la India que navegaba desde Somalia hacia los Emiratos Árabes Unidos. Según datos suministrados por el Ministerio de Transporte Marítimo indio, el ataque ocurrió durante la madrugada del miércoles y provocó un incendio incontrolable que derivó en el hundimiento total de la nave. Los 14 tripulantes a bordo fueron rescatados por la guardia costera omaní y trasladados de urgencia al puerto de Diba. Aunque el gobierno de Nueva Delhi evitó señalar culpables directos en su comunicado oficial, analistas de la firma británica de gestión de riesgos marítimos Vanguard indicaron que la explosión es compatible con el impacto de un misil o un vehículo aéreo no tripulado. La administración india calificó el hecho como inaceptable y reclamó garantías urgentes para la navegación comercial, en un escenario donde los marineros civiles se han convertido en blancos directos de las hostilidades regionales.
Casi en simultáneo, la agencia de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (Ukmto) reportó la captura de un segundo buque a unos 70 kilómetros del puerto emiratí de Fujairah. De acuerdo con informes de inteligencia naval británica, personal armado no autorizado abordó la nave mientras se encontraba anclada y la obligó a desviar su curso hacia aguas territoriales iraníes. Fujairah es un punto neurálgico para la exportación de crudo y este nuevo episodio refuerza las sospechas sobre las operaciones de la Guardia Revolucionaria de Irán en la zona. Fuentes del mercado petrolero recordaron que Teherán ya había incautado recientemente el petrolero “Ocean Koi”, bajo la acusación de integrar una supuesta “flota fantasma” vinculada a intereses estadounidenses. La situación actual mantiene a cientos de embarcaciones varadas y a unos 20.000 marineros civiles atrapados en una zona de conflicto donde la seguridad marítima se ha deteriorado de forma acelerada desde finales de febrero.
Contexto
La inestabilidad en el estrecho de Ormuz se intensificó drásticamente a partir del 28 de febrero, fecha que marca el inicio de la fase actual de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Desde ese momento, Teherán implementó restricciones severas al tránsito, prohibiendo el paso de cualquier buque vinculado a intereses norteamericanos o israelíes como represalia por ataques previos sobre su territorio. El hundimiento del “Haji Ali” representa el segundo naufragio de una embarcación comercial desde que comenzaron las hostilidades, lo que evidencia un cambio en la táctica de los actores involucrados, pasando de la mera interceptación a la destrucción de activos. Según registros de la agencia semioficial Fars, Irán comenzó a aplicar desde la noche del miércoles un “protocolo de gestión” que permite el paso selectivo de buques, principalmente de bandera china, bajo estricta supervisión de sus fuerzas navales. Este control de facto sobre una de las arterias energéticas más importantes del planeta busca presionar a la comunidad internacional en medio de sanciones económicas cruzadas.
El trasfondo diplomático de estos ataques coincide con la cumbre bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín. Durante el encuentro, la Casa Blanca informó que ambos mandatarios coincidieron en la necesidad crítica de mantener abierto el estrecho de Ormuz para garantizar la libre circulación de energía. Para China, la estabilidad de esta ruta es una cuestión de seguridad nacional: según la firma de análisis Kpler, más de la mitad del petróleo que el gigante asiático importa por vía marítima proviene de Oriente Medio y debe atravesar obligatoriamente este paso. El canciller iraní, Abbas Araghchi, intentó bajar la tensión al declarar que la vía permanece abierta para el comercio, aunque condicionó esta apertura a la cooperación total de los capitanes con las fuerzas navales de la República Islámica. Sin embargo, la Casa Blanca advirtió que el presidente Xi Jinping expresó su rechazo a cualquier intento de militarización permanente de la zona o a la imposición de peajes arbitrarios por parte de Irán para permitir el tránsito.
Impacto
El impacto de esta escalada es inmediato y afecta directamente los costos logísticos y de seguros para el comercio global. Operadores del mercado energético en la City porteña y en centros financieros internacionales advierten que la interrupción del flujo en Ormuz podría disparar el precio del barril de crudo si las incautaciones se vuelven sistemáticas. La parálisis de 20.000 marineros en la región no solo representa una crisis humanitaria y laboral, sino que genera un cuello de botella en la cadena de suministros que afecta desde el transporte de materias primas hasta bienes de consumo. Para la India, el hundimiento de su buque supone un desafío diplomático de magnitud, ya que debe equilibrar su relación histórica con Irán con la necesidad de proteger a sus ciudadanos y sus activos comerciales en una ruta que es vital para su propio abastecimiento energético. La militarización del estrecho obliga a las navieras a buscar rutas alternativas mucho más costosas, lo que eventualmente se trasladará a los precios finales de los combustibles a nivel mundial.
La situación en Fujairah es particularmente sensible, dado que este puerto es la principal terminal de los Emiratos Árabes Unidos situada fuera del Golfo Pérsico, diseñada precisamente para evitar el paso por el estrecho en caso de conflicto. El hecho de que los ataques y secuestros ocurran ahora en las cercanías de esta terminal sugiere que ya no existen zonas seguras en la periferia de Ormuz. Fuentes del Ministerio de Economía indicaron que el seguimiento de estos eventos es constante, dado que cualquier alteración significativa en los precios internacionales de la energía impacta de forma directa en la balanza comercial argentina y en los costos de importación de gas durante los meses de mayor demanda. La incertidumbre sobre quién controla efectivamente el paso y bajo qué reglas se permite la navegación ha transformado una disputa regional en una crisis de alcance global con consecuencias económicas impredecibles para los próximos meses.
El próximo paso en esta crisis dependerá de la respuesta de la coalición liderada por Estados Unidos ante la incautación de buques y la presión que China pueda ejercer sobre Teherán para normalizar el tráfico. Se espera que en las próximas horas el Consejo de Seguridad de la ONU convoque a una sesión de emergencia para tratar la libertad de navegación en el Golfo. Mientras tanto, la Guardia Revolucionaria iraní mantiene su postura de inspeccionar cada nave que intente cruzar el estrecho, asegurando que ya son 30 los buques que han aceptado sus nuevas rutas designadas. La tensión permanece en niveles máximos mientras las empresas navieras evalúan suspender totalmente el tránsito por la zona hasta que se establezcan corredores de seguridad garantizados por potencias internacionales, una medida que podría cambiar definitivamente el mapa del comercio marítimo tal como se conoce hasta hoy.