INTERNACIONAL

Crisis del multilateralismo: el desorden global impulsa una reforma urgente en las Naciones Unidas

Expertos y diplomáticos advierten sobre la descomposición del orden internacional de 1945 frente al avance de la inteligencia artificial, el cambio climático y la ineficacia del Consejo de Seguridad de la ONU ante conflictos bélicos actuales.

Redacción El Capitán 19 de mayo de 2026 5 min de lectura
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Foto: Infobae

La comunidad internacional enfrenta una crisis de gobernanza sin precedentes marcada por la ineficacia de los organismos multilaterales frente a conflictos en Ucrania y Gaza, sumado al desafío ético y regulatorio que impone la inteligencia artificial.

El actual escenario geopolítico se caracteriza por un sufrimiento humano potenciado por la tecnología y una concentración de riqueza que no encuentra límites normativos. Según analistas del sector diplomático, las reglas establecidas en la Carta de San Francisco el 26 de junio de 1945, que dieron origen a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), han perdido su capacidad de contención. Mientras que durante la Guerra Fría el equilibrio entre Estados Unidos y la Unión Soviética permitió hitos como el Tratado de eliminación de misiles de 1987, la actualidad muestra una fragmentación donde el Consejo de Seguridad se encuentra paralizado por el derecho al veto, especialmente tras la invasión rusa a Ucrania en 2022 y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz. Esta parálisis institucional obliga a repensar la estructura de poder global para evitar un colapso total del sistema de paz.

Frente a este panorama, surgen propuestas académicas y políticas que intentan diagnosticar si el mundo atraviesa un caos irreversible o una transición hacia la multipolaridad. El embajador Jorge Argüello, en su obra “Efecto Mariposa”, sostiene que no existe un desorden puro, sino una descomposición del sistema de posguerra que dará paso a un nuevo equilibrio. Por su parte, el analista estadounidense Robert D. Kaplan, en su libro “Tierra Baldía”, describe un sistema global altamente inestable donde la crisis es permanente. Ambos autores coinciden en que la falta de templanza en los líderes actuales ha erosionado la diplomacia como herramienta principal. Para revertir esta tendencia, se propone una reforma estructural que incluya a potencias emergentes como Brasil e India como miembros plenos del Consejo de Seguridad, reconociendo además que para el año 2100 el 40% de la población mundial será africana, continente que hoy carece de representación permanente en dicho órgano.

Contexto

El orden liberal que se consolidó tras la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética ha sufrido impactos sistémicos que debilitaron la hegemonía unipolar de Estados Unidos. El primer gran quiebre ocurrió con los atentados del 11 de septiembre de 2001, que derivaron en intervenciones militares en Afganistán e Irak sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU. Posteriormente, la crisis financiera de 2008, originada por el colapso de las hipotecas subprime y la quiebra de Lehman Brothers, forzó la creación de espacios de respuesta rápida como el G20. Aunque la pandemia del COVID-19 generó una breve ventana de cooperación sanitaria coordinada, las acciones unilaterales de las potencias han prevalecido sobre el derecho internacional. La anexión de Crimea en 2014 y la posterior invasión total de Ucrania por parte de Vladimir Putin terminaron por sepultar la idea de Europa como una zona de paz garantizada.

A este historial de conflictos territoriales se suma la emergencia de nuevas amenazas que no estaban contempladas en los tratados del siglo XX. La carrera armamentista contemporánea ya no solo es nuclear, sino digital. La inteligencia artificial se ha convertido en un factor de desequilibrio que, de no ser regulado urgentemente por los Estados nacionales, podría quedar bajo el control de grupos privados con intereses ajenos al bien común. La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aparecen como el último intento del multilateralismo por establecer una hoja de ruta común frente al cambio climático y la desigualdad extrema, aunque su cumplimiento se ve amenazado por la falta de financiamiento y la voluntad política de los países que integran el G7 y el G20.

Impacto

La inoperancia de los mecanismos de paz actuales impacta directamente en la seguridad alimentaria y energética global, afectando las economías domésticas de todos los continentes. La debilidad de las organizaciones supranacionales permite que conflictos regionales, como el enfrentamiento entre Israel y Hamas tras los actos terroristas en Gaza, escalen hasta comprometer rutas comerciales vitales. La falta de una reforma en la ONU implica que las decisiones que afectan a la humanidad sigan supeditadas a los intereses de las cinco potencias con poder de veto, ignorando las realidades demográficas y económicas del siglo XXI. Esto genera un vacío de poder que es aprovechado por actores no estatales y regímenes autoritarios para avanzar sobre la soberanía de naciones más débiles, profundizando la crisis humanitaria.

En términos prácticos, la ausencia de una regulación global sobre la inteligencia artificial y el cambio climático significa que las consecuencias negativas —desplazamientos forzados, pérdida de empleos por automatización y desastres naturales— recaerán de manera desproporcionada sobre los países en desarrollo. La diplomacia, entendida no como idealismo sino como conciencia social, es el único camino para asegurar un mundo habitable para las próximas generaciones. La necesidad de líderes con prudencia y visión de largo plazo es hoy una demanda de los mercados y de la sociedad civil, que ven cómo la volatilidad geopolítica destruye la previsibilidad necesaria para el desarrollo económico sostenible.

El próximo hito para la reconfiguración del orden mundial será en septiembre de 2026, cuando la ONU deba elegir al sucesor de Antonio Guterres. En este escenario, el argentino Rafael Mariano Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), emerge como un candidato clave. Su perfil técnico y diplomático es visto por diversos sectores internacionales como la figura idónea para conducir las reformas estructurales que el sistema requiere. La posibilidad de que un latinoamericano lidere la organización abre una expectativa de renovación para asegurar que el Consejo de Seguridad recupere su capacidad de toma de decisiones y logre atenuar el sufrimiento global en un mundo en crisis permanente.

Fuente: Infobae

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Redacción El Capitán

Equipo editorial de El Capitán con apoyo de inteligencia editorial. Periodismo argentino con análisis profundo.

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